Domina la extensa llanura mis blancos deseos, más allá del horizonte donde la vista no atisva a discernir que es lo que está bien ni que es lo que está mal.
Lo más importante es que seguimos vivos en este mundo de asfalto y hormigón que no es poco. A veces, entre toda esta vorágine cotidiana, cuando uno se para a observar la vida, la gente en sí, a buen seguro quedará maravillado y horrorizado, sentimientos encontrados que son como el pan nuestro de cada día.
Retomo el proyecto de exclamar en binario mis silencios sociales. Pueden dejarme sin voz pero no pueden callarme.
miércoles, enero 16, 2008
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