Después de tres años perdido en el vacío, escondido tras los gruesos libros y del mundo exterior, fugitivo de las mujeres por miedo a resentir el dolor, aquel que con tan solo recordarlo ya me causa astío infinito, soñé que me mirabas y que un cristal verdoso nos separaba. Tu mirabas con nostalgia, con los ojos llenos de ayer, boca abierta, escarpada y tus manos, tus pequeñas manos se estiraban inútilmente intentando atravesar el cristal que nos alejaba.
Y así me desperté para reflexionar ya despierto:
Qué cosas tiene esto del amor, dos años de amor y tres años de recuerdo. Me imagino que hasta que no vuelva a escribir nombres, aromas, fechas y lugares en el blog del amor de mi corazón no terminaré nunca de acordarme tan a menudo de como era la vida con ella.
martes, abril 04, 2006
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